Imaginad la escena: sois una mujer de menos de veinte años, educada en una cultura en la que decir «no» a una persona es una falta de educación, pero decir algo como «déjame en paz» es una grosería incalificable. Estáis caminando tranquilamente por la calle y se os acerca un absoluto desconocido, más fuerte que vosotras, más alto, que no sabéis cómo puede reaccionar, se salta vuestro espacio personal y empieza a deciros que vayáis con él a cenar, a tomar copas, de fiesta, que os invita. Os persigue por la calle, os avergüenza y no os deja en paz, mientras vosotras tratáis de ignorarle para que se canse y él os da la lata diciéndoos su nombre, dónde trabaja, lo buen partido que es, y que, venga, que os invita, venga, venga, venga… 

Eso es el nanpa (ナンパ). Y no, no es romántico, no es espontáneo, no es una forma como otra cualquiera de ligar, y no tiene nada de dulce ni de tolerable. Es, aparte de desagradable y siniestro, un rasgo más del machismo, una muestra de una sociedad, como la nipona, terriblemente patriarcal y orientada hacia la anulación femenina en pro de una supuesta armonía que no es sino dominación. Es -llamémoslo por su nombre- acoso callejero.

Nanpa

¿A qué se debe esa situación de abordar a desconocidas en mitad de la calle y pretender atraer su atención y conseguir con ellas una cita? Como casi siempre, no es algo que obedezca a un único factor, sino a una variedad de ellos, a los que vamos a pasar revista:

En la sociedad japonesa, la educación siempre va en la dirección de eludir el conflicto, por pequeño que sea. Lo educado es que si te ofrecen algo lo aceptes aunque no te guste para no herir los sentimientos de tu anfitrión o de la persona que te lo da; que nadie discuta nunca, que nadie eleve la voz, que todos obedezcan a su superior, sea un maestro, un padre, un presidente. Algo que, en su justa medida, da una sociedad muy educada, pero también muy reprimida, al punto que hombres y mujeres no usan las mismas expresiones, porque ellas tienen que ser más tibias, mientras que ellos pueden ser más cortantes. La mujer nipona es educada desde niña en ser dulce, respetuosa, no alzar la voz y ser cordial incluso con alguien que no lo es con ella. De esa manera, a una mujer puede resultarle muy difícil psicológicamente decirle a alguien -y más a un desconocido- algo como «lárgate por ahí», porque a la educación se le une el temor.

Japón es, al contrario que la cultura mediterránea, un país muy encerrado en sí mismo donde las personas tienden a aislarse y establecer escasos vínculos con quienes les rodean. Todos conocemos el fenómeno de los hikikomori, los jóvenes que, hastiados de la elevadísima exigencia del sistema, se rebelan negándose a formar parte de él. Esto es un extremo, pero la escala normal nos lleva a personas que tienen un círculo social muy escaso y dejar entrar en él a personas nuevas es dificilísimo. Mientras que en otras culturas puede apuntarte a cursos o actividades meramente para conocer gente, puedes trabar una amistad ligera con alguien en el mercado y que poco después hasta coma en tu casa, en Japón eso es poco menos que impensable.

En tercer lugar, las mujeres y jóvenes niponas cada vez ven menos ventajas al amor romántico y a la vida en pareja. El buscar novio es una actividad que exige de ellas mucho esfuerzo, tiempo y dinero, que pueden invertir más a su gusto en otras distracciones, y que realmente no sienten que les aporte nada destacable. El ser amas de casa y madres se convierte para ellas en un lastre profesional, pues o bien dejan de trabajar, o bien ya no se las tiene en cuenta para los ascensos, o bien se ven obligadas a tener dos trabajos: el profesional y el casero, pues aunque las cifras están creciendo a paso de tortuga, los hombres nipones son los que menos colaboran en las tareas caseras y paternales del Primer Mundo (datos de la OCDE de 2021).

Por último y no menos importante, el machismo de la sociedad japonesa hace que muchos jóvenes sientan indiferencia hacia los sentimientos que inspiran en las chicas a las que acosan; en su lugar, el conseguir una determinada cantidad de teléfonos o una cita durante una tarde de «nanpeo» es visto entre los grupos de jóvenes como un triunfo, algo de lo que alardear. Así vemos que no tienen en absoluto intereses románticos o de poner fin a una supuesta soledad, sino únicamente ansían satisfacer su ego y alimentar su presunción, poner de evidencia ante el grupo una mayor valía, amparada en la atención femenina, sin importar si la mujer a quien persiguen se siente reamente cómoda o violentada ante esa persecución. Como vemos, todas las razones se resumen en una sola: el machismo de toda una sociedad.

La situación del nanpa está llegando a extremos en los que está empezando a ser prohibida, y no sólo no nos extraña sino que nos alegramos profundamente de ello, la verdad. En muchas grandes ciudades, en los cruces concurridos y zonas de restaurantes-bares, se pueden ver carteles de «no nanpa» igual que los de «no smoking». Lo que resulta triste es que se tenga que llegar al extremo de prohibir y amenazar con multas cuando es tan sencillo como usar el sentido común, no obstante no es la primera vez que Japón se ve en una situación similar: ya tuvieron que habilitar vagones de Metro sólo para mujeres para prevenir el chikan o manoseo en ellos aprovechando las horas punta, o capar los móviles para impedir el modo silencio, de forma que nadie pudiera sacar fotos sin sonido, algo que los acosadores usaban para sacar fotos por debajo de las faldas.

¿Es mi opinión lo que quieres? El nanpa no me parece una moda tonta, ni un juego inocente, ni una forma rápida de conocer gente, ni «algo que sólo le pasa a las chicas guapas, así que yo estoy a salvo». Me parece un síntoma. Un síntoma de una sociedad machista que pretende que la atracción se pueda negociar como una venta, con pesca de arrastre, persiguiendo a una persona, molestándola con una atención que ni busca, ni ha pedido, para, a cambio, inflar el ego de una persona que no quiere entender que la atracción no se puede forzar ni se puede exigir. Una sociedad que se aprovecha de la extrema educación para caer en la mala educación. Abordar a una persona en medio de la calle no es agradable para la persona que se ve protagonizando el acoso. No le sube la autoestima, no es un halago, no le gusta aunque sonría por educación o por temor. 

Si eres hombre, por favor, NO LO HAGAS NUNCA. Y si ves a otro hombre haciéndolo, no te calles; pon en evidencia su actitud.

Fuentes

https://www.nippon.com/es/currents/d00171/

https://www.trendencias.com/sexo-y-relaciones/que-hacer-nanpa-peligrosa-forma-ligar-japonesa-que-jovenes-usan-a-pesar-miedo-ellas

https://udgtv.com/noticias/hombres-japoneses-y-tareas-domesticas-analisis-y-datos/321560

Por Dita