Los cambios emocionales que se producen cuando conocemos a la persona indicada (por lo menos, lo parece), nos lleva a una montaña rusa que puede ir desde la envidia, sentirse inferior e incluso el odio, hasta la fascinación, admiración, pasión y lógicamente, el amor. Cuando una historia te transmite esas mismas emociones, es que ha cumplido de sobras su objetivo. 10Dance es esa historia.
«El baile se compone de técnica y disciplina. Pero también de pasión y amor»
Suzuki Shinya es el campeón en Japón en bailes de salón y segundo a nivel mundial. Sugiki Shinya es el campeón en baile latino.
Comparten el mismo nombre y ambos son bailarines, pero a Suzuki le molesta que les comparen. Un día Sugiki le propone que formen equipo para una competición de diez bailes, aprendiendo el uno del otro.
El manga de 10Dance (Tendansu/テンダンス) de Inoue Satoh empezó a serializarse en la revista Reijin (Takeshobo), cambiando a la Young Magazine Web (Kodansha), donde lleva ocho tomos recopilatorios hasta la fecha.
La adaptación a película está dirigida por Ohtomo Keishi, quien también ha colaborado en el guion junto a Yoshida Tomoko. Se estrenó en la plataforma Netflix el pasado 18 de diciembre de 2025.
Takeuchi Ryoma es Suzuki Shinya. Prolífico actor que debutó en 2013 en la serie Kurumake no Hitobito, haciéndose muy famoso con la serie Kimi to Sekai ga Owaru Hi ni, que arrancó en 2021 y tuvo cuatro temporadas. El personaje que nos ocupa es el de un japonés criado en Cuba, con el ritmo caribeño recorriéndole las venas, al que le falta técnica y disciplina, que ve en Sugiki la perfección.
Machida Keita como Sugiki Shinya. Actor que se forjó en el teatro, donde debutó en 2010 con la obra Rokudenashi Blues (ろくでなしBLUES舞台). Protagonizó la serie del mismo nombre en 2012 y alcanzógran fama por protagonizar la segunda temporada de Alice in Borderland en el 2022, así como Yu Yu Hakusho en 2023. Tiene en cartelera Sins of Kuo.
Su personaje roza la perfección en los bailes de salón, con una técnica indiscutible, pero que no logra llegar a ser el número uno. Admira secretamente la pasión y soltura de Suzuki.
Así pues, tenemos a Sujiki, siempre relegado a ser el segundo, especialmente cuando su pareja de baile se fue con el primero y Suzuki, que no se priva de nada y cree que basta con sentir la música para disfrutar (y hacer disfrutar) de ella.
Lo cierto es que la película arranca algo tediosa, con muchas escenas que, aunque necesarias, la hacen demasiado larga.
Un Sugiki que es conocido como la parca debido a su frialdad, que no se permite equivocarse y que en el fondo ha descubierto placer en llevar a su compañera a la extenuación para lograr la perfección, encuentra ganas de superación al conocer personalmente a Suzuki, ya que descubre que puede conectar con el público y los jueces si deja de lado el control y muestra alguna emoción y/o humanidad.
Suzuki es conocido como El diablo por su rebeldía y le enseña la pasión, el mover el cuerpo como le plazca al son de la música, sin ningún movimiento estudiado, simplemente disfrutando del momento, haciéndole salir a beber y a disfrutar, solo por el placer de hacerlo.
Por otro lado Suzuki, aprende que con disciplina puede alcanzar grandes logros: no solo necesita despertar los instintos de la gente al verle bailar, también puede hacerles disfrutar con una buena (y estudiada) ejecución de movimientos.
El momento culmen es cuando descubren que se atraen, no sólo como personas que se admiran, también sexualmente. El famoso beso es iniciado por Sugiki, pero provocado en todo momento por Suzuki, quien por otro lado, a pesar de esa pasión que destila, representa al macho alfa siempre rodeado de mujeres.
Entonces, ¿quién es el sensible en esta relación? Si uno representa la perfección, el saber estar y bien vestir y el otro al típico hombre al que no le importan las formas, ni enseñar su cuerpo porque sabe que está muy bien y siempre se rodea de féminas, uno de los dos, debe ser la parte sensiblera... O quizás ambos sin reconocerlo.
Más allá de la típica historia de superación (que lo es), nos encontramos con una relación que pasa por todas las fases: envidia, admiración y cariño, a la que una sociedad como la japonesa (y no mintamos, la gran mayoría mundial) no dejaría crecer y menos siendo personas conocidas y representantes del país.
Es fascinante el cambio de expresión de un hierático Sugiki al principio, que finalmente se permite sonreír y disfrutar, y un Suzuki siempre con el ceño fruncido, que descubre que no todo vale y dejarlo al azar.
Es una película que se disfruta por la tensión que emana en la mayoría de los planos cortos pero que creo que tiene demasiada información o detalles innecesarios.
Pero sí, es una buena recomendación palomitera, para disfrutar, no sólo de los cuerpazos, sino de todo lo que los envuelve. Se trata de un BL hecho con mucho gusto, sin fanservice gratuito y un toque de sentido del humor, junto a un maravilloso final.



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