La avaricia rompe el saco, sería el tema central de esta película que encierra consejos, advertencias, moralina y fantasmas en una sola cinta. Reseñamos la obra de Kenji Mizoguchi, Cuentos de la luna pálida.



Genji y su mujer Miyagi viven en una modesta casita junto a su pequeño hijo, en la que tienen también su taller de alfarería donde trabajan juntos y que les da de comer. En la casa vecina viven la hermana del artesano y su cuñado, que también echa una mano en el taller, pero que sueña constantemente con ser samurái e ir a la guerra civil en la que se encuentra el país para ser rico y famoso. 

Debido a la contienda, también hay en las ciudades una gran demanda de objetos de cerámica. Claro está, conforme las ganancias crecen también lo hace la codicia en el corazón de Genji, y no solo de dinero, también de una vida más lujosa y sofisticada que no necesariamente incluya a su mujer.

Ansioso por terminar una partida muy grande de cerámica, ambos hombres tomarán cada vez mayores riesgos, desoyendo los consejos de sus esposas y se lanzarán a vender la numerosa remesa mientras ellas sufren por su testarudez. Seducido uno por la carrera de las armas y el otro por una misteriosa mujer que le regala los oídos a propósito de la belleza de sus objetos, en sus mujeres recaerá el peso de sus malas decisiones, de las que solo se arrepentirán cuando ya sea demasiado tarde.

Mizoguchi puede que sea, junto a Kurosawa, uno de los mejores directores del cine japonés y -por qué no decirlo- de la historia del Cine. Especializado en dramas intensos acerca del mundo femenino y de la prostitución, en los que el erotismo es una forma de crueldad, he de decir con cierto dolor que esta será la película del cineasta que menos me ha gustado. Se trata no de una historia con moraleja, sino de una moraleja con historia, en la que la trama está constantemente al servicio de aquella. Un pretexto para narrar acontecimientos deliberadamente tristes provocados por la obcecación, el capricho y la lujuria, disfrazados de un deseo de prosperidad que no se corresponde con las acciones del protagonista y cuyas consecuencias vemos venir desde el minuto uno.

Predecible, lenta, con un ritmo a trompicones y cargada en exceso de moral, Cuentos de la luna pálida se convierte en una cinta interesante sólo por sus actuaciones y por asomarnos ligeramente al folklore japonés en lo que a fantasmas se refiere. Si explico más, aún me cargo el único punto de la película que no se puede prever a los cinco minutos del inicio de esta.  

Estrenada en 1953 y por lo tanto años antes de la magnífica La calle de la vergüenza o La mujer crucificada, Cuentos de la luna pálida es una obra aún así imprescindible del cine fantástico japonés, aunque las décadas que nos separan de ella se acusan sobre todo en lo transparente de su argumento y su carencia de ritmo. No obstante, merece la pena también para valorar el extraordinario crecimiento en poco tiempo del cineasta y su delicado tratamiento del mundo femenino. 

Cinefiliabilidad 9, lo que significa que es árida, dura de ver, en blanco y negro, solo disponible en VOSE y sin alivio cómico alguno, es preciso tener muchas ganar de ver cine japonés, no es en absoluto entretenida.

 

FICHA TÉCNICA

TITULO ORIGINAL: UGETSU MONOGATARI.

DIRECTOR: KENJI MIZOGUCHI

GÉNERO: DRAMA/FANTASÍA

DURACIÓN: 135 MINUTOS.

BLANCO Y NEGRO.

DISPONIBLE EN FILMIN.