Pocas veces se presenta la ocasión de reseñar algo que puede ser calificado de genial u obra maestra. Es decir, muchas veces te dicen que algo lo es, pero -quizá por las altas expectativas que se crean- resulta que a uno no se lo parece. Reseñamos hoy la trilogía Contrato con Dios, de Will Eisner, editada por Norma con una idea muy clara en primer lugar: SÍ, es la obra genial que me prometieron que era.
Contrato con Dios
Dado que la novela gráfica (y os recuerdo que ese género no
existía hasta que la obra que nos ocupa lo inventó) ha sido editada en tres
volúmenes, dividiremos la reseña en las mismas condiciones. La obra en general
está ambientada en los tenements, los bloques de pisos de alquiler barato
(bueno, «barato» dependiendo de a quién preguntemos; para el casero quizá lo
fuera pero para los inquilinos seguro que no), en los que se hacinaban los
inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX
y que tantas veces hemos visto en películas como Un ángel pasó por Brooklyn o
Nuestros maravillosos aliados. En aquellas callejuelas que se inundaban con las
lluvias y a las que el sol llegaba sólo cuando ya lo había usado la parte alta
de la ciudad, vivían muchas personas y un sinnúmero de sueños, todos ellos
centrados en escapar de aquella zona. En tener una casita particular, de esas
que existían en otros barrios, pero que en tiempos de la Gran Depresión pocos
podían acceder a ellas y quienes vivían en los tenements estaban más cerca de
acabar en la calle cualquier mes que de una vivienda mejor.
En este ambiente de miseria se desarrolla la primera historia que da título a la obra, Contrato con Dios. Un rabino que vive en uno de los apartamentos junto con su hija adoptiva, sufre una crisis de fe debido a la muerte de la muchacha, tan solo una adolescente. Dado que él tenía desde niño un contrato con Dios escrito en piedra, es víctima de una poderosa indignación. En mitad de la noche habla a gritos con el Hacedor exigiéndole, ya que no respuestas, que se limite a cumplir su parte del contrato como él ha cumplido siempre la suya. Roto el acuerdo, el rabino abandona su profesión y hace más que eso: malversa los fondos de la sinagoga para comprar todo el edificio en el que vive, convertirse en casero, subir el alquiler sin excepciones y comenzar un imperio a base de ser tan despiadado con sus semejantes como antes era bondadoso.
La obra no solo tiene un trasfondo filosófico interesante,
también ofrece un hermoso y cuidado dibujo, detallado y bello. La historia nos
hace llegar a varias conclusiones, irónicas y tristes acerca de la verdadera
raíz de la bondad, de la religión… si Dios existe, Él tampoco es un buen
casero.
El resto de historias de este volumen nos llevan a personajes a cuya vida nos asomamos sólo un momento, pero que basta para descubrir en él toda su vida y sus sueños, sus miserias, sus infamias o sus astucias.
Ansia de vivir
En este segundo volumen ya conoceremos a una serie de personajes que guardan relación entre sí, que viven todos en el edificio 55 y que protagonizan una multitud de historias guiadas por un hilo central situado en una familia concreta y el padre de la misma. Más exactamente, en la desesperada búsqueda de ese hombre, Jacob, en lo relativo al sentido de la vida, en dar algún significado a su propia existencia más allá de la mera inercia del paso de los días y la supervivencia. En sus propias palabras, en «no ser una cucaracha».
Mientras Jacob trata de buscar esa
chispa que le haga sentir orgulloso de su propia vida, muchas vidas se
desarrollan a su alrededor; un nuevo negocio, sus hijos que se enamoran y casan
con personas de distinto credo (algo escandaloso en los años treinta), se ve
obligado a tomar partido en ayudar a huir de la Alemania nazi a la mujer con
la que estuvo comprometido décadas atrás… Una historia coral que, en medio de
un panorama desolador nos lleva a un pequeño mundo enternecedor.
Avenida Dropsie
Llegamos al volumen que cierra la
trilogía. En un movimiento argumental absolutamente redondo, Eisner nos mostró
en el primer volumen a personajes aislados, en el segundo una coral, y aquí,
todo el universo. La avenida en general y los edificios en particular son los
auténticos protagonistas de esta historia. En ella vemos la creación de la
calle a finales del siglo XIX como avenida de casitas victorianas para nuevos
ricos y como estas fueron derruidas en pro de los bloques de viviendas apenas
aparecieron vecinos cuyos orígenes irlandeses no gustaron a aquellos de mayor poder adquisitivo. Seremos testigos del auge de
los bloques y su posterior camino a la ruina, siempre por causa del racismo y
la ambición desmedida, pese a los ímprobos esfuerzos de muchos por salvar y
dignificar el barrio. Y al fin, el nuevo renacimiento con un nuevo tipo de barriada.
El final agridulce de este tercer
volumen nos lleva a una dolorosa conclusión: pueden cambiar los barrios, pero
si no cambian los hombres, todo paraíso se dirigirá siempre al estercolero.
Acerca de la obra
El primer volumen, Contrato con
Dios fue completado por Eisner en 1978 con un formato que se salía de lo común;
no había bordes, ni viñetas separadas, ni marcas, sólo dibujos acompañados de
un texto narrativo cuyo grafismo, exagerado para demostrar lo intenso de las emociones sufridas, lo convertía en un personaje más (visto hoy, parece más un cuento
ilustrado que un cómic al uso). Los bocadillos de texto eran algo ocasional. Sabiendo que ni era lo que se estilaba como
cómic ni él pretendía que lo fuera, Eisner bautizó a su obra como «novela
gráfica», creando el género que conocemos hoy.
Su idea era que no se vendiera en
tiendas de cómics, sino en librerías para adultos, y al principio no tuvo
demasiado éxito, no sería hasta casi una década más tarde que fue considerado
la obra maestra que es hoy.
Eisner, quien también perdió una hija de la misma edad que la aparecida en su obra, utilizó su propia tristeza e impotencia como motor para su novela y a esta como catarsis. Nacido en 1917, le tocó vivir la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, conocía bien los pesares que hizo pasar a sus personajes y no es extraño ese sabor dulce y amargo que respira toda la obra. Ansia de vivir y Avenida Dropsie vieron la luz en 1995 y 97 respectivamente. Estos ya siguieron una estructura de viñetas acostumbrada.
En mi opinión, una obra
maravillosa, triste y dulce como sólo la vida lo es y que ha trascendido a su
autor y aún su propio género, haciendo que el cómic ya no fuese un medio sólo
para fantasía y superhéroes, sino una forma de contar historias de todo tipo
orientadas a un público heterogéneo. Norma se ha lucido con una edición que nos
presenta los tres volúmenes prologados por el propio autor y presentados en una
preciosa caja ilustrada.
FICHA TÉCNICA
CONTRATO CON DIOS
AUTOR: WILL EISNER
GÉNERO: NOVELA GRÁFICA
BLANCO Y NEGRO
552 PÁGINAS
NORMA EDITORIAL



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