«Lo peor no es llegar al infierno, es no dejar de descender y no ver la salida»
Estamos ante una obra visceral que nos habla de ello sin tapujos, donde se utiliza el vampirismo como metáfora.
Egon es un novelista de terror que lidia con su propia vida, ya que se encuentra en una relación tóxica con Liz Tombstone, heredera de un antiquísimo clan vampírico. Una relación que es una espiral de dependencia destructiva en la ciudad de Hollow Hill.
Dividida en cinco episodios y tomando como referencia las cinco etapas del duelo referidas en el libro de Elizabet Kübler-Ross, Sobre los muertos y los Moribundos, al que homenajea con la protagonista Liz y el personaje de Ross, nos encontramos un dibujo barroco, de trazo «sucio» y una atmósfera particularmente asfixiante, centrándose en los fluidos, la basura y la decrepitud, usando grises salpicados con rojo para darle más impacto para lograr que intentemos ver si existe alguna salida.
El mismo autor confesó que, tras pasar por terapia necesitaba contarlo de alguna manera, utilizando una forma desgarradora de hacerlo que nos ha impactado. Utilizando la metáfora de los vampiros (los que te succionan no solo la sangre, también la vida), nos arrastra hacia una sociedad llena de miseria y desidia vital, donde el personaje principal, Egon, parece estar en constante descomposición, no solo física, sino también emocional.
La búsqueda de lo básico para sobrevivir, con una ciudad pintada como un monstruo que devora a los individuos, con viñetas manchadas en las que casi podemos oler a los personajes, nos sumergimos en una vorágine de toxicidad, con violación incluida.
Con varios flasbacks y metáforas de Egon que nos obligan a no perdernos ni una viñeta, nos da el privilegio de reconstruir la historia y que podamos pensar en la soledad acompañada: estar rodeados y sentirnos solos, suponiendo la pareja el refugio de lo grotesco.
El uso del apellido «Tombstone» no es casualidad ya que significa lápida en inglés, pues los personajes están muertos en vida, perteneciendo al mundo de los olvidados.
En 2019 empezó un proyecto del que recicló personajes aparecidos en el fanzine Killer Toons 2.0 (con la historia Exhumed Movies) tomando a Egon y Elizabeth para la que ha sido su opera prima, Moribundo.
Resumiendo: leéroslo, pero haced acopio de introspección y fuerza, la necesitaréis.
Estamos ante una obra visceral que nos habla de ello sin tapujos, donde se utiliza el vampirismo como metáfora.
Egon es un novelista de terror que lidia con su propia vida, ya que se encuentra en una relación tóxica con Liz Tombstone, heredera de un antiquísimo clan vampírico. Una relación que es una espiral de dependencia destructiva en la ciudad de Hollow Hill.
Dividida en cinco episodios y tomando como referencia las cinco etapas del duelo referidas en el libro de Elizabet Kübler-Ross, Sobre los muertos y los Moribundos, al que homenajea con la protagonista Liz y el personaje de Ross, nos encontramos un dibujo barroco, de trazo «sucio» y una atmósfera particularmente asfixiante, centrándose en los fluidos, la basura y la decrepitud, usando grises salpicados con rojo para darle más impacto para lograr que intentemos ver si existe alguna salida.
El mismo autor confesó que, tras pasar por terapia necesitaba contarlo de alguna manera, utilizando una forma desgarradora de hacerlo que nos ha impactado. Utilizando la metáfora de los vampiros (los que te succionan no solo la sangre, también la vida), nos arrastra hacia una sociedad llena de miseria y desidia vital, donde el personaje principal, Egon, parece estar en constante descomposición, no solo física, sino también emocional.
La búsqueda de lo básico para sobrevivir, con una ciudad pintada como un monstruo que devora a los individuos, con viñetas manchadas en las que casi podemos oler a los personajes, nos sumergimos en una vorágine de toxicidad, con violación incluida.
No, no se trata de una historia de romanticismo gótico, se trata del contrapunto de cada uno: Egon encarna la decadencia, la depresión, el dejarse ir; mientras Liz, a pesar de ser la vampira, suele parecer más humana que el protagonista.
Estamos ante un cómic que busca incomodar y dar visibilidad a las enfermedades mentales, lo que realmente piensan y lo que nosotros interpretamos. Una realidad que asusta, un descenso al infierno que no parece tener fin, un viaje de sanación a través de los (nuestros propios) demonios.
Estamos ante un cómic que busca incomodar y dar visibilidad a las enfermedades mentales, lo que realmente piensan y lo que nosotros interpretamos. Una realidad que asusta, un descenso al infierno que no parece tener fin, un viaje de sanación a través de los (nuestros propios) demonios.
Con varios flasbacks y metáforas de Egon que nos obligan a no perdernos ni una viñeta, nos da el privilegio de reconstruir la historia y que podamos pensar en la soledad acompañada: estar rodeados y sentirnos solos, suponiendo la pareja el refugio de lo grotesco.
El uso del apellido «Tombstone» no es casualidad ya que significa lápida en inglés, pues los personajes están muertos en vida, perteneciendo al mundo de los olvidados.
Fran Mariscal Mancilla se dio a conocer colaborando con el fanzine El Arca de las Historietas y dibujando el cartel del evento Carmona en Viñetas en 2015.
En 2019 empezó un proyecto del que recicló personajes aparecidos en el fanzine Killer Toons 2.0 (con la historia Exhumed Movies) tomando a Egon y Elizabeth para la que ha sido su opera prima, Moribundo.
Resumiendo: leéroslo, pero haced acopio de introspección y fuerza, la necesitaréis.



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