Debo reconocer que no serĆ© objetivo, pues la saga (actualmente he leĆdo seis entregas de los diez traducidos al espaƱol) de los Detectives medievales me ha llamado la atención sobremanera, vamos para allĆ”:
En el aƱo 1377 muere Eduardo III, rey que ha conquistado gran parte de Europa, dejando a Inglaterra como potencia militar. Ahora carga el paĆs la responsabilidad el pequeƱo Ricardo de Burdeos, un rey con apenas diez aƱos de edad, donde las conspiraciones y los intentos de derrocarlo bajo un manto de supuesta protección (por parte de su tĆo) dan aƱos de incertidumbre sobre el destino de la nación.
Con todo esto se encuentra el primero de los dos protagonistas principales, el fraile Athelstan y John Cranston, tan diferentes como el agua y el aceite y efectivos cuando se unen para buscar justicia.
Y con una premisa tan comĆŗn de lo bueno que es la unión de polos opuestos, los crĆmenes de la comunidad van menguando por las acciones del dueto principal. AsĆ hallamos generalmente dos casos en cada entrega: una que es la principal donde se mezcla la polĆtica, y que urge resolver por los resultados y otra secundaria que involucra a poblados y ciudadanos comunes, casi siempre en torno por el dinero, herencias, adulterios o celos.
Athelstan, ordenado fraile, carga con la responsabilidad de haber llevado aƱos atrĆ”s a la guerra a su hermano, creyendo en el valor de las historias Ć©picas, el honor, las recompensas, la limpieza por lo justo...sólo para comprobar que en las batallas nada es como los libros: sangre derramada inĆŗtilmente, anarquĆa, regiones saqueadas, caĆdas de los valores bĆ”sicos. Todo esto condujo a la muerte a su hermano y posteriormente a sus padres, quienes no pudieron digerir la noticia. Si no fuera la culpa sobre sus hombros suficiente, la Iglesia permite su regreso, pero lo mortifica con tareas indignas para "sanar sus pecados".
Con el remordimiento a cuestas es mandado a la pequeƱa capilla de San Erconwaldo de Southwark, donde plantarĆ” sus pies para ayudar a la gente que lo necesite, con el aporte de su nuevo amigo John Cranston, el forense de la ciudad. DeberĆ” ser su segundo y ayudarlo en las tareas que el Estado solicite, y aquĆ es donde ocurre la trama, el lineamiento es semejante en casi todas las novelas: muerte o supuesto suicidio en las altas esferas, personas vinculadas a sectores con gran poder. Los asesinos son personajes en su gran mayorĆa creĆdos, presumidos y con poco respeto hacia un cura pobre, quien ademĆ”s debe descubrir la mentira y hallar las pruebas. PicardĆa y vengarse de quienes intentan humillarlo serĆ” algo habitual, para fascinación del lector.
Si mencionamos a John Cranston Ćŗltimo es porque serĆ” el pilar fundamental para la redención del fraile, un hombretón obeso, que ama a su esposa con devoción, con la bota de vino casi siempre llena de vino o clarete, que disfruta la buena comida y llevar a la horca a los infelices homicidas o que posean delitos graves; sin embargo, es frecuente que su mirada penetrante deje pasar pequeƱas fechorĆas menores tales como hurtos de comida o bromas que no acarreen mĆ”s que unos regaƱos. A no dejarse engaƱar por su rolliza persona, pues siempre porta su larga daga galesa y tiene la habilidad para enfrentarse a varios contrincantes a la vez.
Con esto ya visualizamos que la fuerza recaerÔ en la robusta presencia del forense, y la intuición e inteligencia en su compañero del clero, ademÔs de la ayuda inmejorable de varios personajes secundarios que harÔn las delicias al lector.
De estos mencionaremos a los habituales: Benedicta, una joven viuda, hermosa y presencia notable por su sagacidad, es la fruta prohibida y siempre estÔ dispuesta a esperar a que Athelstan deje los hÔbitos, una relación donde el coqueteo es algo que simulan, aun sabiendo que no es posible. Luego vemos a Catalina la cortesana, una ex prostituta que trabaja en la limpieza de la pequeña congregación, Watkin el recogedor de estiércol, Ranulfo el cazador de ratas y la mascota insignia de San Erconwaldo: Buenaventura, un avispado gato gordo que adora posarse en los pies del forense, para desgracia de este.
El creador de los ''Misterios de Fray Athelstan'' es Paul Doherty, aunque utiliza seudónimos como Harding, un autor que es Doctor en Historia (Baja Edad Media), documentando con fidelidad los sucesos reales e hilvanÔndolos en varios de sus obras. También fue director de la Trinity Catholic High School de Essex, por eso conoce los ambientes académicos como el mejor.
Revueltas, pestes, cruzadas, piratas, caballeros, ambiente medieval a pleno, con acción, homicidios. comedia y sangre al levantarse de la siesta...en resumen buenos libros, nos vemos en otra reseña.



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