Mado kara Madoka-chan, manga de Yasuhiro Fukuda, nos adentra en las divertidas vivencias de un oficista común residente en Tokio, quien al conocer a una joven vendedora del vecindario descubre nuevos retos y diversión. Pasen y lean

Oda es un oficinista que vive cansado. Sus actividades solo se basan en trabajar, ir de vuelta a su hogar y volver al curro. Buena gente, se aprovechan y le dan actividades extra, incluso en épocas de vacaciones. Mientras vemos su día a día casi siempre dirigiéndose a su empleo, sus penurias darán un giro radical cuando una ventana se abre (a toda velocidad) y una joven lo invita a apoyarse en el mostrador. Así es como conoce a Madoka.

En un puesto fijo en la ventana, la versatilidad está lograda, ya que puede cambiar en cada ocasión de profesión, cultura o actividad para entretener al protagonista, destacándose especialmente en el rubro gastronómico. Como es una comedia, en el sketch hay un aliciente y el porqué del «especial del día», logrando reanimar al fatigado y aburrido personaje.

Así encontramos distintas labores, sea la mencionada cocina, baile, hacer deportes, pescar o incluso observar la caída de las sakuras, hallando que dentro de la casa pareciera una puerta a un mundo diferente de lo que ocurre en la calle, una especie de bolsillo de Doraemon, donde Madoka interactúa de acuerdo a su ánimo. 

Agente de policía, tienda de dulces, pelea de sumo, gimnasio, festival, jugar shogi, cartas.... 

Algo a mencionar es que en casi la totalidad de la obra solo aparecen estas dos personas. La relación se dará de forma paulatina y no es de extrañar la sorpresa y las reacciones de Oda al no saber qué hallará frente al mirador, lográndose la veta cómica desde sus inicios. Madoka se comunica con las miradas y se hace entender, apenas habla, aunque vemos lo que piensa, esto no dificulta la interacción entre ambos, lo que nos hace pensar en, ¿quién es en realidad esta hermosa y silenciosa mujer? 

Imagen del manga Mado kara Madoka-chan

La idea del manga es mostrar que siempre hay tiempo para diversión y en apenas cinco tomos recopilatorios lo logra. Por supuesto que la trama evoluciona, hay algo por lo que el protagonista está así y sigue trabajando a su pesar, vemos una mejoría lenta en su vida y de a poco arrancan pequeñísimas vetas de romance, que se irán dando a cuentagotas. 

Adivinación, pollo frito, concierto de koto y ¿aguas termales dentro de la habitación? 

¿Es para recomendar? Sí, si eres de los que gustan de microhistorias, cada capítulo dura unas ocho páginas con nuevas aventuras en cada entrega y es ideal para cualquier fecha del año. 

La obra, con sus muchas diferencias, es similar a Tonari no Seki kun, donde una estudiante queda atrapada con las creaciones de su compañero de mesa que siempre está ideando algún juego, en «Mado kara…». Oda absolutamente quedará prendido y fascinado por lo que acontezca en la ida/vuelta de su jornada diaria.

Un trabajo hecho para agradar, no hay sorpresas y tampoco puede que llegue a visualizarse una adaptación al anime, pero que queda bonito no se negocia, cumple el cometido. 

Buscando en internet se conoce que en esta obra se estuvo trabajando los fondos con mucha asiduidad para mejorar la técnica, algo en lo que Fukuda Yasuhiro parecía no estar tan seguro y quería practicar y avanzar. Black Collar: Aku no Soshiki wo Management, Hataraku Saibou BABY, y The Villainous Princess as the Dragon Knight son títulos donde aporta sus trazos, aunque las obras están guionizadas por otros autores, siendo «Mado Kara Madoka-chan» su única obra 100% total hasta el momento.

Nos vemos en otro número.

Imagen del manga Mado kara Madoka-chan

Ficha técnica

Mado kara Madoka-chan (まどからマドカちゃん)

Autor: Fukuda Yasuhiro

Categoría: Seinen

Géneros: comedia, slice of life

Nº de capítulos: 74 (finalizada)