Un espacio cerrado, la imposibilidad de pedir ayuda y uno o varios asesinos. El cóctel perfecto para un thriller claustrofóbico, fórmula que tiene la ventaja de que puede aplicarse en un sinfín de situaciones, desde un ascensor hasta el océano y nos ofrece no sólo la angustia de un escenario del que no hay posibilidad de huir sino también la observación de las distintas reacciones humanas ante una situación dada; la cobardía, la nobleza, el arrojo o la ruindad serán sólo unas de ellas, y el director Seijun Suzuki nos ofrecerá muchas más en la cinta que nos ocupa.

Nos encontramos en un paraje de las montañas, en plena noche, en una remotísima estación de tren. La máquina que debería pasar ha tenido un percance debido a un derrumbe y no se presentará hasta la mañana siguiente, lo que hará que todos los viajeros pierdan sus enlaces en Tokio y lleguen tarde a citas, exámenes, reuniones importantes… En medio del fastidio, cuando avisan que un autobús puede llevar a algunos de los viajeros, se produce una pequeña revolución. No obstante, el viajecito tiene inconvenientes: se trata de usar la carretera de las montañas que corre entre precipicios, alejada de todos los pueblos y, por si fuera poco, llega el aviso de que dos criminales han atracado un banco y están por la zona después de huir con el botín. Pese a los peligros, un reseñable número de viajeros, alentados por la posibilidad de no perder sus citas, deciden arriesgarse. Así comienza un viaje en apariencia tranquilo que desembocará en un infierno.

Ocho horas de terror

Como decía más arriba, las películas de este tipo nos ofrecen un reflejo de la sociedad como ratas en un laberinto. Los ricachones que aborrecen juntarse con la gente humilde y creen que merecen un trato de favor sólo porque tienen dinero; los valentones que sólo saben presumir y se arrugan a las primeras de cambio… las mujeres que, criadas en una sociedad machista, desprecian y miran por encima del hombro a la madre soltera, a la prostituta, pero que a la vez son culpables de los mismos pecados que les reprochan a ellas, por más que se autoengañen creyéndose mejores diciéndose que lo hacen por amor. Cuya desgracia secretamente celebrarán, pero cuya ayuda no rechazarán cuando la precisen, por más que después ni siquiera la agradezcan. Aunque la intriga y la tensión sean el plato fuerte de la cinta, las reacciones humanas ante la misma son lo realmente atrayente.

En la cinta podemos ver la sombra de la guerra recientemente terminada, la crisis tanto económica como social que atraviesa un Japón derrotado cuya población parece estar tan perdida como ese autobús. La retirada de las bases norteamericanas deja a muchos sin trabajo, sin ocupación, sin clientes potenciales o hasta sin familia. Algunos se enfrentan a la quiebra, otros buscan nuevos caminos en un cambio político radical, otros intentan dejarse llevar por sus sueños. Otros se sienten incapaces de seguir luchando y buscan la autodestrucción.

Ocho horas de terror

Suzuki, el director, nos ofrece un aumento de la tensión nada gradual, sino servido en picos como una montaña rusa. Técnica que confiere un peculiar realismo a la cinta, puesto que la vida tiene el feo vicio de actuar igual y rara vez nos ofrece un tiempo de preparación o de arrepentirnos de un movimiento. A medio camino entre la carcajada y el escalofrío, la tensión está muy bien manejada, por no mencionar lo refrescante que resulta que la resolución del conflicto caiga precisamente en un personaje femenino, algo que me ha agradado sobremanera, puesto que, a diferencia de los personajes masculinos, las mujeres en esta cinta cargan con el peso del protagonismo, siendo el personaje del Asesino casi el único meritorio en el autobús; el resto de pasajeros varones son de ridículos a indiferentes pasando por ruines. Las mujeres, en cambio, son fuertes, huyen del estereotipo de damisela en apuros, antes bien toman todas las decisiones y no dudan en usar cuantas armas tengan a su alcance para enfrentarse a los problemas que sufrirán.

Thriller que recuerda grandemente al western, con extraordinarias actuaciones y una magnífica dirección, Ocho horas de terror sólo puede verse en VOS, pero merece la pena acercarse a ella y disfrutarla. Apenas una hora y cuarto de duración que nos mantendrá en tensión y nos dará momentos muy satisfactorios. Es bueno ver cintas como la presente para entender de dónde bebieron cineastas como Howard Hawks, John Carpenter o Wes Craven; la comparación con títulos como El dorado, Asalto a la comisaría del distrito 13 o La última casa a la izquierda, son inevitables. 

Cinefiliabilidad 6, lo que significa que está en japonés y en blanco y negro, pero es de corta duración y fácil de ver.

Ocho horas de terror


Ocho horas de terror (Hachijikan no kyōfu)

Disponible en Filmin

Director: Seijun Suzuki

Duración: 77 minutos

Blanco y negro