Entrevista a David Lorenzo

Comenzaste en el mundo de los cómics con la publicación de los fanzines Frenzy. ¿Cómo fue aquella experiencia?

Guardo muy buen recuerdo de aquello. El fanzine lo creamos entre dos amigos que habíamos crecido leyendo las clásicas revistas de cómic para adultos de los años ochenta: Creepy, 1984, El Víbora, Cimoc, Dossier Negro… Sabíamos que iba a salir algo completamente diferente, pero estas publicaciones fueron sin duda el primer resorte para hacer Frenzy. Contactamos con dibujantes y escritores que conocíamos, fuimos fichando otros por el camino y así llegamos a seis números que crecieron en páginas y contenido a lo largo de seis años. Había mucha variedad en cuestión de estilo, algo muy normal en una revista amateur, pero que le daba mucha riqueza y sorprendente… de ahí lo de “sorprendentes cómics de horror”.

Si no recuerdo mal, Frenzy fue proclamado como el mejor fanzine en el 2003 en el salón del cómic de Barcelona. ¿Qué tal fue para vosotros aquel reconocimiento?

Nos llevamos una sorpresa y una alegría muy grande, sobretodo porque se trataba del premio del público; no imaginábamos que nos conociera tanta gente y que además gustáramos. No era un premio remunerado, pero si nos dio cierto prestigio en el mundo fanzinero.

¿Por qué dejasteis de publicarlo?

Hacia el 2006 había retomado mi actividad musical, que tenía abandonada. Monté Zombie Valentines, Los Imposibles sacamos Lost & Fun, muchos conciertos… esto absorbió gran parte de mi tiempo y me desvinculé del mundo del cómic. El último número, aunque participé, lo coordinó gente que se había ido sumando al proyecto a lo largo de los años. Hicieron  un gran trabajo, pero una vez distribuido hubo un total desentendimiento por parte de todos, incluido yo que estaba con la cabeza en otro sitio.

Ha habido varios años de parón desde aquello, ¿A qué te has dedicado desde entonces? Porque me consta que no has estado en ningún momento desvinculado del mundo artístico.

Como te decía Me había metido muy de lleno en el mundo de la música. Esto me venía de lejos porque en los noventa estaba muy activo cantando en Stupid Baboons y tocando en Los Imposibles, así que la vuelta fue muy venenosa. De todas formas no estuve desvinculado del todo al mundo gráfico porque siempre he tenido encargos de carteles y portadas de discos.



Vuelves por todo lo alto con «La torre de los siete jorobados» al mundo del cómic. ¿Qué fue lo que te hizo decidirte a volver?

Bueno, creo que empecé a pensar en adaptar la novela poco tiempo después de dejar Frenzy. El proyecto fue avanzando muy despacio porque la música y el trabajo me dejaban poco tiempo, y un buen día las circunstancias personales cambiaron y “La torre” se quedó archivada en una carpeta. Esa espinita se quedó clavada años hasta que llegó este amago de apocalipsis y me encontré con algo que no había tenido hasta entonces: tiempo. Desempolvé la carpeta y me puse manos a la obra. Estaba todo el cómic, las 83 páginas dibujadas a lápiz y 46 entintadas. Cuando volví al trabajo el avance se frenó bastante. Me llevo tres  meses terminarlo.

¿Cómo acabaste publicando con Desfiladero? ¿Qué tal trabajar con ellos?

Desfiladero fue la última editorial con la que contacté. Conocía sus libros de cine y también los cómics, pero no los relacionaba entre sí. Cuando me entero de que se trata de la misma gente y de que además tienen una colección, Otranto Gráfica, dedicada publicar adaptaciones a cómic de novela fantástica, fue como ¡Dios, tiene que ser aquí! A los pocos días de enviarles el dossier se pusieron en contacto conmigo. Otras editoriales a las que envié el proyecto también estuvieron interesadas, pero el tema de los derechos de la novela les frenó un poco y Desfiladero tomó la delantera.

La verdad es que estoy muy contento de trabajar con ellos. Demuestran preocupación por el autor, su obra, cuidan la edición, están abiertos a nuevos proyectos… se les ve entusiasmo por lo que hacen.

¿Por qué «La torre de los siete jorobados»? ¿Qué tiene esta obra de Emilio Carrere que te ha llevado a querer adaptarla?

Bueno, sin duda es la obra más popular de Carrere, en parte gracias a la película del mismo título de Edgar Neville. Las dos se han convertido en obras de culto y cuentan con una pequeña legión de seguidores. Yo, como muchos, conocí primero la peli y Cuando el libro cayó en mis manos, la maquinaria creativa se puso en funcionamiento. Hasta entonces solo había dibujado historietas cortas, de ocho o diez páginas, y quería dar el paso de hacer una novela gráfica para publicarla en una editorial de verdad. Tenía ideas para hacer un guión de cosecha propia, pero estaban muy en pañales y el desarrollo iba para largo. “La torre” me ofrecía una historia ya construida que además encajaba muy bien con lo que quería dibujar en ese momento.

Utilizas deliberadamente un estilo más limpio y unos colores más planos para esta obra que en otras que te hemos visto. ¿Qué es lo que te ha llevado a hacerlo? ¿Qué papel crees que juegan los colores en tu adaptación? ¿Hay algún detalle que hayas metido en la obra y que haya pasado desapercibido por el público?

Tuve claro desde el principio el estilo que iba a manejar. Como bien dices, en La Torre me alejo un poco de lo que había hecho antes, para tirar hacia un rollo más europeo, con menos trama y en color, que era algo nuevo para mí. No sé por qué, esa idea la tenía en la cabeza antes de ponerme a escribir.

Elegí una paleta muy reducida para darle sobriedad al conjunto, acotar escenas, ambientes, y que también me facilitara el uso del color como elemento narrativo; el tono de la piel de algunos personajes, las gamas utilizadas en algunos escenarios, ya buscan contarte algo.

La verdad es que detalles que hayan pasado desapercibidos… voy a tener que hacer una encuesta.

¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo de cómic actualmente?

Ahora mismo estoy enfrascado en la realización de un álbum donde adapto los relatos de Horacio Quiroga. Se trata de una selección de sus cuentos más macabros, unidos entre sí por episodios biográficos. Horacio Quiroga es uno de los cuentistas más importantes de Uruguay y Argentina. Su obra tiene una clara influencia de Poe y está marcada por una vida en la que la tragedia y la muerte le persiguen hasta el final. Algunos de sus relatos más importantes como “La gallina degollada” o “El almohadón de plumas” han sido llevados a cómic, pero nunca se ha hecho un álbum que recopile estas historias de forma unitaria, lo cual me ha llamado siempre mucho la atención, por la importancia que tiene Quiroga, especialmente en su país, y por la cantidad de autores de cómic argentinos maravillosos que hay y ha habido.

Para finalizar, ¿podrías dar algún consejo a la gente que empieza en el mundo del cómic?

¡Ostras! Pues no sé… Algo que he aprendido es a que nunca hay que abandonar un proyecto en el que uno cree.

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