Zatoichi

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Dijo Cecil B. DeMille que «las películas deben comenzar con un terremoto, y a partir de ahí, ir creciendo». Obviamente, esto lo conseguía DeMille y su adorador incondicional, John Ford, pero no es algo que esté al alcance de cualquiera que coja una cámara. Uno de los que pueden presumir de conseguirlo, así como presumir de cualquier cosa que se le antoje, ya sea hacer cine o tirarse de un rascacielos y caer de pie como un gato, es Takeshi Kitano, director, guionista, protagonista de nuestra cinta de hoy, Zatoichi. 

En el Japón de finales de la era Edo (es decir, en torno a 1830-40), un anciano masajista ciego llamado Zatoichi va errante por el país, ganándose la vida con lo que saca a la vez de los masajes y el juego de dados. A simple vista puede parecer solo un hombre de avanzada edad, amable e indefenso, pero en el bastón con el que se ayuda para caminar, oculta una katana con la que es tan hábil como letal, hecho del que nos enteramos apenas comienza la cinta. En su periplo, llegará a un pueblecito que vive bajo el yugo de una feroz banda de ladrones que extorsiona a todos sus habitantes. Allí hará amistad con una mujer, Oume, quien le brinda hospitalidad en su casa y cuyo sobrino es un jugador empedernido que no para de perder. Paralelamente, dos jóvenes geishas buscan a los asesinos que, diez años atrás, mataron a sus padres. Para redondear el asunto, el jefe de la banda que controla el lugar se ha hecho con un nuevo guardaespaldas, un ronin cuyo dominio de la esgrima es comparable al del propio Zatoichi.

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Como ya supondremos, cada personaje tiene su historia particular y todas vendrán a juntarse en torno al masajista. Zatoichi, privado de la vista, «ve» con los oídos y el resto de los sentidos, de una forma mucho más aguda que aquellos que le rodean. Sus enemigos le prejuzgan por ser ciego e intentan engañarle, aprovecharse de esa desventaja. No obstante, el masajista ha sabido convertir la misma en una poderosa arma que le permite a la vez situar y sembrar el miedo en el corazón de sus oponentes.

Zatoichi, en realidad, no nació en el cine, sino que es un personaje literario creado por el novelista Kan Shimozawa en la primera mitad del siglo XX. Protagonista de una larga serie de novelas, Zatoichi era ciego de nacimiento que, en su juventud, fue un poderoso y temido yakuza y que, en su senectud, vagaba por el país buscando siempre ayudar a los necesitados, con la esperanza de expiar el daño que hizo. Sus aventuras fueron adaptadas primero a la ficción televisiva y enseguida al cine, hasta aparecer en más de una veintena de films entre la década de los sesenta y los ochenta, así que forma parte de la cultura popular de Japón y se trata de uno de los personajes más queridos de la misma. Para cuando se estrenó esta cinta, en el año 2003, llevaba más de diez años sin aparecer en las pantallas, y fue recibido con gran agrado no solo dentro del país nipón, sino también fuera de él, pese a que aquí apenas se le conocía. Y digo «apenas», porque Hollywood también se vio seducida por las aventuras del espadachín ciego, así que las adaptó, muy a su manera, también hay que decirlo, en la película del año 1990 Furia ciega, protagonizada por Rutger Hauer. En la misma, Hauer es un excombatiente al que, en Vietnam, le estalló una granada muy cerca y le dejó ciego. Fue recogido y ayudado por los habitantes de un pueblecito quienes le enseñaron a servirse de los otros sentidos y a manejar la katana que, al igual que Zatoichi, la lleva escondida en su bastón. Con toques de simpatía y mucha acción, Furia ciega es divertida y entretenida, aunque si la comparamos con el personaje original, hay que reconocer que sale malparada.

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Intercalando sabiamente las escenas de acción, tensión y drama con momentos de humor, Zatoichi nos sumerge en la historia, nos induce a la simpatía inmediata con los personajes y no permite que la historia decaiga en momento alguno, además de obsequiarnos con abundantes sorpresas y golpes de efecto, así como espectaculares peleas llenas de estallidos de sangre, que siempre vienen bien en el cine de acción. 

Zatoichi ganó el León de oro del Festival de Venecia en el año 2003 a la mejor película, amén de otro gran número de premios, entre ellos el León de plata del mismo festival a la mejor dirección, o los premios especiales del público en los festivales de cine de Cataluña y Toronto. 





Con su frío y calmado protagonista que desprende amabilidad a la par que peligrosidad, sus toques de humor, su música tan sabiamente empleada y su acertado ritmo, Zatoichi es una película, a la vez que un personaje, que saben seducir al público. Que nos ofrece una historia interesante, bien llevada y narrada, en la que no podemos dar nada por sentado y que nos deja con ganas de más. Cinefiliabilidad 6, lo que significa que, salvando el cambio histórico y de cultura, es fácil de ver, en color, muy entretenida y tolerada a partir de los trece años. Si os apetece iniciar a padres o sobrinos en el cine asiático de este siglo, es la cinta ideal para ello.  


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