Los Kaidan

Los kaidan (怪談) o kwaidan, son cuentos clásicos de fantasmas japoneses que se popularizaron en el período Edo. Sin embargo, estos relatos de yūrei son tan antiguos como la propia mitología japonesa y lo único que hicieron fue evolucionar con los años, aunque todos comparten la misma esencia, que se repite una y otra vez a lo largo de los siglos.

En un inicio, como pasa en cualquier parte del mundo, este tipo de historias se transmitían de forma oral hasta que alguien las puso por escrito. Encontramos las primeras historias de yūrei o proto-yūrei en el Kojiki con la historia de Izanami e Izanagi. No obstante, este tipo de obras, encargadas por la aristocracia para hablar de la ascendencia de sus linajes, no era del interés del pueblo, que tenía sus propias obras que transmitían durante generaciones de boca a boca.

Ya en el período Heian, unos monjes decidieron poner por escrito este tipo de historias, el cual se terminó por llamar setsuwa. Los setsuwa podían diferenciarse entre dos tipos: los generales y los de enseñanzas budistas. Así podemos verlo en la primera obra de este género, titulada Nihon Ryōki (日本霊異記, Crónicas de los milagros de Japón), escrita por el monje Kyōkai, hecha precisamente para difundir las enseñanzas de Buda al pueblo, para lo cual compiló leyendas locales y relatos sobrenaturales, los cuales emparejó junto a enseñanzas budistas. Estos relatos mostraban, mediante argumentos sencillos, que las buenas acciones se recompensaban y las malas se castigaban.

Ya en el siglo xii aparece la obra culmen de este tipo de literatura, aunque con un carácter más mundano que los anteriores, el Konjaku monogatarishū (今昔物語集), una recopilación de más de 1000 cuentos y reunida en 31 volúmenes, escrita alrededor del 1120 d.C. Estos cuentos estaban a su vez organizados por regiones, en donde los 5 primeros, o Tenjiku, corresponden a cuentos de la India; los otros 5 siguientes, o Shintan, provienen de China, y el resto, o Honchō, de Japón. Estos libros son ricos en diversidad de personajes, así como en seres mitológicos, tales como los oni o los tengu.

Muchos de los kaidan posteriores corresponden a esta obra, ya que abrió las puertas a desligar los relatos de lo extraño y misterioso de las enseñanzas budistas, por lo que se la suele considerar la primera obra kaidan, aunque para poder utilizar esta palabra para designar al género, aún habría que esperar algunos siglos más, hasta el 1627, en pleno período Edo.

Hayashi Razan, médico personal de Tokugawa Iemitsu, tradujo para él una colección de cuentos chinos de miedo, a la que sumó 31 leyendas japonesas más. Tituló su obra Kaidan, aunque es más conocida como Kaidan zensho, u «Obras completas de Kaidan».

Por otro lado, aunque no menos importante, está el tema de la imprenta en Japón. Aunque era conocida por sus tratos con los jesuitas, no fue hasta 1593 cuando el ejército japonés incautó una en Corea y se la regaló al emperador Go-Yōzei. En 1597 la imitaron, pero en madera, mucho más adecuada a los caracteres japoneses y en 1603, con la llegada de Tokugawa Ieyasu al poder, esta se liberalizó e hizo públicos los secretos de la imprenta, lo que favoreció la creación de libros y, por ende, la alfabetización de la población, que al final se convertirían en consumidores de estos libros.

El primero de los Kaidan-shu en salir gracias a la imprenta fue el Kaidan-shu Inga monogatari, publicado en 1660 y atribuido al monje Suzuki Shōzan. En 1666, el monje Asai Ryōi escribió el Otogi Bōko (御伽婢子 Títeres de guante), que adaptaba literalmente cuentos tradicionales chinos a una ambientación japonesa.

Muy importante para este tipo de género literario fue el juego hyakumonogatari kaidankai. La primera versión de este juego surge en 1660 en el kaidan-shū de Ogita Ansei, Tonoigusa (宿直草). Este juego ganó tanta popularidad que la demandas de nuevos kaidan creció y creció, por lo que la producción de estos se disparó del mismo modo que la calidad bajaba. Ejemplos de este tipo de libros son el Shokoku hyakumonogatari (1677), del cual surgieron imitaciones como el Shokoku shin hyakumonogatari, el Otogi hyakumonogatari, el taitei hyakumonogatari o el Bansei hyakumonogatari.

A todo este movimiento se le sumó una enorme producción artística que compartía la misma temática y la inclusión de esta moda dentro del kabuki, el cual otorgó al imaginario popular la estética que hoy conocemos en la actualidad de los yūrei. 

El hyakumonogatari kaidankai

Este juego japonés, que nació en el período Edo, y cuyo nombre se traduce como «una reunión de cien cuentos de miedo», tiene un funcionamiento sencillo. A altas horas de la noche, se reúne un grupo de personas y enciende cien velas. Cada una de las personas tiene que ir contando una historia de miedo y soplar una vela después de hacerlo. Así, la habitación iba quedando cada vez más y más oscura, creando el ambiente propicio para este tipo de historias.

Se creía que el hyakumonogatari kaidankai era un tipo de invocación que atraía espíritus malignos al lugar en el que se jugaba, ya que cuando se apagaba la última vela, se suponía que algo sobrenatural aguardaba en la oscuridad.

 

Bibliografía

Davisson, Zack: Yūrei. Los fantasmas de Japón. Editorial Satori, Gijón, febrero del 2019.

Wikipedia:

·         Kaidan (parapsychology). https://en.wikipedia.org/wiki/Kaidan_(parapsychology) (Consultada 01/09/2020)

·         Konjaku Monogatarishū: https://en.wikipedia.org/wiki/Konjaku_Monogatarish%C5%AB (consultada 01/09/2020)

·         Setsuwa. https://en.wikipedia.org/wiki/Setsuwa (consultada 01/09/2020)

 

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