Inspector Bull

 Londres, finales de la época victoriana ¿nos suena familiar? Si hay algo que comparten las aficiones detectivescas son los años donde ocurren los crímenes, la atmósfera donde se conjuga la riqueza con lo decadente, un mundo bipolar donde ricas las mansiones pueden engendrar los peores monstruos, el afán de dinero y ostentación de poder.

Aquí los asesinos son de toda clase social, no hay preferencia por nadie y el artilugio de armas es variado. Matanzas que tienen su porqué, será la responsabilidad del Inspector dilucidar a los culpables, para eso tiene que estar en forma mental y físicamente porque no son pocas las veces que se salva de milagro o por reflejo.

Publicado a finales de los 1980 y principios de los 90, esta obra narra en capítulos de pocas páginas una muerte (o posible crimen) generalmente hecho con violencia, son trece historias que en su momento no llegaron a estar completas en español pues se publicaron en su mayoría en Italia, ahora arregladas y limpiados los fondos con el agregado de estar traducidas a nuestro idioma. Los años donde acontecen las aventuras no están expuestos, pero se mencionan que admira a Sherlock Holmes por lo que podría situarse en años posteriores a 1887, cuando se publicó el primer escrito del famoso detective.

El inspector posee dos herramientas fundamentales: su pipa con la mezcla de tabaco importada preferida, otro es su compañero el Sargento Donovan, incondicional aliado que entiende su forma de pensar.

La evolución de los personajes es poca, en trece capítulos transcurre toda la saga de muertes y posterior resolución donde visualizamos mucha acción y las ideas que se le ocurren a Bill, con poquísimas ojeadas a su vida privada algo que se extraña para poderlo conocer en profundidad, una verdadera pena.

El clima siempre ayuda, si estamos en Londres es necesario que exista la bruma que apenas deja siluetas entre las sombras, identidades a descubrir en una ciudad que no deja de crecer; lo sorprendente es que muchas historias tienen su toque de "magia" o "leyenda", algo que no es necesario pero sin afectar el guión del crimen a resolver, locura con cuentos de antaño, alucinaciones e incluso... ¿fantasmas?

En un solo tomo donde hallaremos todas sus aventuras disfrutamos de Carlos Albiac como guionista ("El Dorado, relatos del Nuevo mundo"; "Aquí la muerte") y dibujos de Horacio Lalia, trazos de "Nekrodamus" y versiones de literatura con énfasis en el horror: Lovecraft, Allan Poe, R. L. Stevenson, teniendo ambos autores más relevancia en Europa a finales de los años 80.

Lalia se esmera especialmente en los fondos y el entintado, no solo en primeros planos sino que "carga" las viñetas y les pone vida, ya sean en los interiores, en las calles o en el paisaje.

En resumen: Un cómic policial que si llegar a ser original entretiene, el género policial tiene a un nuevo aliado contra el delito.
Lo mejor: El dibujo, muy detallista.
Lo peor: No es para leer todo seguido, el formato es lineal

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