Leyendas y mitos siempre han ido de la mano haciéndonos llegar preciosas historias donde se fusiona verdad e imaginación, en las que lo fantástico siempre lleva la delantera. La relación del hombre con el lobo es una de ellas, y en ella el animal suele salir malparado en detrimento del humano. Este es uno de esos relatos donde se fusionan dos almas destinadas a entenderse.

Hace mucho, mucho tiempo, hombres y bestias hablaban el mismo idioma y se enfrentaban entre sí. Pero llegó un momento en que el lobo perdió sus fuerzas y el hombre necesitó de sus cuidados. Llegaron a pelear juntos con un mismo fin, pero finalmente el cánido queda malherido y le pide al humano que lleve su pelaje y que su alma sea una con la suya.

Esta leyenda es contada una y otra vez en la tribu y cuando ésta cae presa de Kerunnos, el devorador de almas, el lobo fantasma parece ser su única esperanza.

El guion de El Torres no da puntada sin hilo: esa atmósfera misteriosa, sangre por doquier y personajes de lo más carismáticos, nos trasladan a una época remota donde las ciudades no existían. Con obras de terror como El Velo, Las brujas de Westwood o Camisa de fuerza, es fácil identificar a un guionista que despierta pesadillas y les busca el lado sarcástico y a veces, hasta cómico.



Este espíritu de venganza ha contado con varios pinceles: Siku, A.Henández/E.Sanz o Juanfra MB. Siku (Luis Czerniawski) puso su buen hacer desde la desaparecida Cimoc hasta Barbarian al servicio de Ghost Wolf dejando su impronta en todos los personajes, donde solo veo un pero: los fondos y la rotulación.

La aparición de Mara en el tercer fascículo es de lo más relevante: una mujer con fuerza y la última guerrera que podría llevar a la tribu a la victoria.

Ángel Hernández es el artífice de este segundo arco donde el dibujo gana enteros y la sangre se multiplica. Desde su primera colaboración con El Torres en Las Brujas de Westwood, ha sabido plasmar a la perfección ese mundo retorcido, esquilmado incluso, imaginado por el guionista y donde los colores de Esther Sanz son la guinda a un pastel perfecto y donde la rotulación ha mejorado mucho.

La incorporación de Juanfra MB, artista principal de Piel de Toro y donde el personaje de La Garra parece reencarnarse en Mara, le aporta frescura y un punto de vista menos americano.


No sé si pensar en un punto sarcástico sobre el nombre de Kerunnos, que me recuerda al de Keraunos (Keraunosu), el arma principal del Dios Zeus en el manga Saint Seiya cuya traducción del griego podría ser rayo y cuyo poder variaba dependiendo del estado de ánimo de su portador, siendo mortífero si está enfrascado en el odio; no obstante, también podría traducirse como «aquel guerrero que es reconocido por su grandeza» y que le pega mucho más a uno de los personajes principales.

Al margen de mis divagaciones, es una historia donde tienen peso y se vislumbran las leyendas nórdicas, como la de Fenris, el hijo de Loki, cuya profecía sobre la batalla de Ragnarok llevó al mundo de dioses, monstruos y humanos a desaparecer, pues también en este relato nos acercamos a ese fin: el poder de una bestia que no tiene mesura y destruye todo lo que hay a su alrededor, llevando a la tribu a una batalla campal, donde la victoria es pírrica.

Unos personajes muy bien construidos, una historia apoyada en una leyenda de lo más creíble y donde se puede disfrutar de la perspectiva desde el lado del narrador. Imprescindible si os atraen las leyendas nórdicas, los lobos (y/o los licántropos) y la sangre, o sois fans de El Torres. No defrauda.