Immortal rain

Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.

Eso, según la Biblia.

Tomando como referencia el mito, nos encontramos con una variopinta historia, alejada de Kami-sama ga Uso o Tsuku (traducida como Los Dioses Mienten) de la misma autora.

Machika Balfaltin es una joven de 14 años que prometió a su abuelo, Zol (apodado el ángel de la muerte), encontrar al único hombre con el que él no pudo acabar: Matusalén.

Rain Jewlitt es ese hombre. Conocido como Matusalén, con 624 años de vida a sus espaldas, viaja acompañado de un violín que no sabe tocar pero es su bien más preciado, ya que perteneció a alguien que sí sabía sacar música de él.

Pero Machika no es la única que quiere a Matusalén. El precio por su cabeza no hace más que aumentar su leyenda y ambos empiezan una relación “asesina-presa” que les llevará a desnudar sus almas.

Serializado en 1999 en varias revistas de la Shinshokan (South, Web Magazine Wings y Wings), es una de las obras más arriesgadas de Ozaki, contando con dos doujinshis que ahondaban en la personalidad de Rain, en donde lo traslada a un mundo más realista.

Su estilo netamente shôjo con figuras estilizadas, expresionismo brutal y buen ritmo narrativo, nos transportarán al mundo de los sentimientos como ya hiciera en la nombrada Los Dioses Mienten o El príncipe del mar.



Lo cierto es que el dibujo preciosista de Ozaki no es lo único que atrapa en este manga. La resolución de las incógnitas alrededor de los dos protagonistas, Rain y Machika y el ritmo de los enfrentamientos de todos los que quieren la cabeza de Matusalén , hacen que el primer tomo sea de lectura, en principio, algo tediosa, pero avance a pasos agigantados hacia la mitad, a medida que aparecen personajes interesantes como Sharem.

Rain es un atormentado que espera volver a ser un humano normal (o morir de una vez) en una fecha concreta: la que se encuentra grabada en una cruz que luce en su pecho, que él mismo define como su castigo por haber devorado a un ángel; Machika desarrolla una relación que en principio parece paterno-filial pero algo hace pensar que no van por ahí los tiros: esas confesiones, miradas y que vaya posponiendo su misión, terminando por bautizarla ángel de la muerte (como fue su abuelo), nos llevan a una relación cercana al síndrome de Estocolmo (donde el cautivo empieza a comprender y a sentir algo por su captor).

Sharem es otro personaje que dará juego. La pérdida de un hijo que, supongo, veremos cómo sucedió en los tomos siguientes, su fuerza y a la vez rencor que arrastra, la convierte en un secundario de lujo.
Como ya he comentado, en un primer instante me costaba seguir la historia pero aún así le di la oportunidad y no me defraudó; en cuanto se van revelando datos, van apareciendo los villanos y deja de ser un guantazo aquí y otro allá, lo cierto es que es fácil de seguir y te va dejando con ganas de más. Me recuerda vagamente a la saga de Vampire Miyu de Hirano y Kakinouchi por cómo se adentra en las personalidades; así mismo, le encuentro cierto parecido visual con Card Captor Sakura de las CLAMP. 

No dudo que Ozaki se explayará a gusto en este manga, el más largo hasta ahora en su carrera, desarrollando personajes y ahondando en cada uno de ellos, a la vez que creará subtramas y nos adentrará en ese mundo que tan bien se le da describir: los sentimientos humanos.

Ficha Técnica


Nombre Original: Meteor Methuselah

Autor: Kaori Ozaki

Categoría: Shôjo

Género: Romance, sci-fi, aventuras

Nº Tomos: 11

Año: 1999(Japón) 2016(España)

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